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Unos minutos antes de lo previsto en el horario oficial, las puertas de la iglesia de San Francisco volvieron a abrirse por segunda vez en este Lunes Santo. En templo, sólo alumbrado con la luz de las velas del paso de misterio y del palio de Nuestra Señora de la Soledad, reinaba el silencio, sólo roto por las instrucciones que daban algunos hermanos para la formación del cortejo procesional en la calle. Todo estaba dispuesto. La cofradía de la Vera-Cruz iniciaba su camino hacia la Catedral presididos por su nuevo hermano mayor, Miguel Morgado.
A las 20 horas, el capataz del paso de misterio, Benito Jódar, daba las instrucciones a sus cargadores para acercar el paso a la puerta principal de la iglesia, mientras sonaba la música de capilla. A los pocos minutos, el Señor, muerto en la Cruz ubicada sobre un monte de claveles rojos y con cuatro rosas rojas en la parte trasera del paso.
Cuando el Señor enfilaba la plaza de San Francisco hasta la calle del mismo nombre, se ubicaba bajo el dintel de la puerta de la iglesia el nuevo Simpecado donde los hermanos, en su interior, han escrito mensajes sobre sus devociones y sentimientos.
Tan sólo quince minutos después, la cuadrilla de los hermanos cargadores inició la maniobra para llevar el paso del palio hasta la puerta de San Francisco y llevarlo a la plaza. Durante este movimiento, y a pesar de que se hizo con sumo cuidado, una de las velas de la candelería ubicada más próxima a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, una de las denominadas marías, se rompió y cayó sobre las otras cirios.
Un hecho que provocó el pánico entre la corporación de Vera-Cruz y en el público que presenciaba la salida de la cofradía franciscana, aunque fue solventado rápidamente por dos hermanos que subieron a la mesa del palio para retirarla. Sin embargo, esta vela no fue sustituida y la candelería lució toda la procesión con una vela menos.
Antes de que el reloj del templo marcasen las 20.30 horas, el capataz, Joaquín Cortés, dio la primera levantá del paso para iniciar su camino hacia la plaza de la Catedral. Un itinerario acompañado musicalmente por la banda de música Enrique Montero de Chiclana que interpretó, a la salida del templo, la marcha Soledad. El transcurso del itinerario sucedió sin ningún incidente, aunque con paso tranquilo, debido al retraso que llevaban las dos cofradías anteriores a la de Vera-Cruz.
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