
Los ojos llenos de lágrimas de tantas personas sólo son el símbolo de la devoción que despiertan el Santísimo Cristo de la Misericordia y María Santísima de Las Penas. Hijo y Madre que protegen a su barrio, el de La Viña, que se echa a la calle el Lunes Santo para verlos pasar y rezarles, con el amparo de la Virgen de La Palma.
Un poco antes de lo habitual, a las 15.45 horas, las puertas de la parroquia se abrían para que la cruz de guía iniciase su camino hasta la Catedral. Un camino diferente al de otros años, pero el de siempre: el que recorre el interior del barrio de La Viña desde su salida procesional, dejando en el recuerdo el paso por el Campo del Sur.
Mientras que los hermanos de fila se disponían en el cortejo desde el colegio, los hermanos Martín dirigían el movimiento del paso hasta la puerta de la pequeña iglesia. En poco menos de diez minutos, la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia estaba en la calle, y en La Viña rompió de emoción con aplausos. Un año más, el Señor se encontraba con aquellos que cada viernes se acercan hasta el templo a orarle.
Mientras que la cuadrilla de cargadores iniciaba su paso por las calles de la ciudad con la marcha Cristo de la Misericordia, la cuadrilla dirigida por Ramón Velázquez preparaba el palio de la Virgen de Las Penas, que iba acompañado por su pregonero, Andrés García Requejo, y el padre Marco Antonio Huelga. A las 16.30, y con la marcha Virgen de La Penas y Macarena de Paco Lola, la Reina de La Viña comenzó su camino que siguieron con atención la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, los concejales Evelio de Ingunza y Juan Antonio Guerrero, el ex hermano mayor de la cofradía, Manuel Cerezo, el hermano mayor de Las Aguas, José Manuel Silva, además de numerosos cofrades que no quisieron perderse este instante del Lunes Santo, como el hermano mayor del Despojado, Luis Rivero, que disfrutó de la cofradía en el barrio.
En la calle de La Palma había menos bullicio que en otras ocasiones, pero es que los devotos se habían distribuido por la calle Virgen de Las Penas, Hermano Ignacio y la plaza Pinto. El paso del Señor fue aplaudido por los fieles, mientras que uno de los vecinos de Paco Alba, 5, afectado por el derrumbe de su vivienda, lloraba emocionado, Pero la entrada de la Virgen de Las Penas estuvo marcada por los vítores de los viñeros.
Uno de los detalles curiosos de la cofradía se encontraba en los guantes de los miembros de junta de gobierno y los maniguetas del paso de palio, que llevaban el escudo de la cofradía serigrafiado. Una innovación más en la Semana Santa de Cádiz.