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Imagino que el de ayer fue un día especialmente emotivo para un nazareno rojinegro que vivió un Martes Santo del que ya ni se acordaba. Un nazareno que llevaba casi dos décadas completas llegando temprano a San Mateo, porque allí le aguardaban todos para consultarle, para preguntarle, para interrogarle, y cómo no, para hacerle responsable de todo lo que de bueno y de malo pudiera ocurrir en torno a la hermandad de los judíos de San Mateo.
El de ayer fue un día especial para el maniquetero delantero de la izquierda del paso de María Santísima del Desconsuelo, y es que bajo su antifaz colorao, se adivinaban rasgos de emoción sincera, o de llantos contenidos, o quizás de ambas cosas a la vez. Un palio que se hizo a la calle casi una hora después de hacerlo la Cruz de Guía de la cofradía, siguiendo la estela de un cortejo ejemplar como siempre por lo numeroso, del que aún es complicado comprender cómo consiguen organizarlo en el interior de un templo que a pesar de su grandeza, siempre se queda pequeño.
Claveles de color rosa servían de exorno floral al paso de palio, que ayer estrenaba además acompañamiento musical en la banda Virgen del Castillo de Lebrija, tras diez años seguido de la ya extinta Banda del Desconsuelo, y la verdad es que el cambio se notó a mejor, no por nada en particular, sino porque la novedad nos permitió apreciar otros matices que antes, por la razón que fuera, no llegaban a cuajar del todo entre el selecto público cofrade. Además, la Virgen lució restaurada la saya que llegaba hace poco del taller de Fernando Calderón, preciosa además de otras muchas cosas que podrían escribir mejor que yo quienes saben de esto. Y es que el palio del Desconsuelo, obra cumbre de los palios en Jerez, es un joyero que no necesita más que retoques de vez en cuando que garanticen su conservación, y poco más.
Y si eso fue lo que nos enseñó el palio, no menos intenso fue lo que nos mostró el pasocristo del Señor de las Penas, orante sobre su peña de dolor, cuando a eso de las cinco y cuarto se hizo a la calle, deteniendo los pulsos de cuantos en la plaza de San Mateo, nos sobrecogimos un año más ante el trabajo de ley realizado por una cuadrilla que cada año es capaz de ensanchar con la emoción la puerta de un templo por el que el paso no cabe.
No cabe el paso, pero pasa, y haciéndolo, nos devolvió a la esencia más pura de nuestra Semana Santa, la que siempre tuvo un lugar en el corazón reservado al viejo barrio de San Mateo, no en vano fue en San Mateo donde Jerez empezó a respirar un buen día, de la mano de quienes decidieron aquí fundar una ciudad. La salida, fue, simplemente espectacular, acompañada por dos saetas enormes, y por los sones de la agrupación de la Virgen de la Fuensanta, de Morón, que para la ocasión eligió una marcha torerísima, de esas que alegran el alma tan sólo a base de sólos de corneta.
Así se plantó en la calle la hermandad de los judíos, andando todo lo deprisa que su numeroso cortejo se lo permitió, para cerrar como siempre, la primera parte de una Semana Santa que hoy abrirá otro distinto. Un capítulo que cerró la dolorosa que llora junto a San Juan, la que cumple años en 2013, con anhelos por parte de los suyos de instruirle expediente de coronación canónica, la que ayer contó con guardián de lujo en aquel nazareno de vivencias distintas, que ayer recuperó la maniqueta con la que tantos años soñó cuando llegaba tan temprano el Martes Santo a San Mateo.
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