El Lunes Santo hace cautivo al esplendor tras vestirse de gloria

Sin dejar de alzar los ojos a lo más alto, el cielo finalmente no puso frenos al fervor

18-03-2008 00:34 Rocio Toledo

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El Lunes Santo hace cautivo al esplendor tras vestirse de gloria El cielo volvió ayer a mostrar su benevolencia y supo tallar, al amparo de la luz de la devoción, una de las más bellas estampas en torno a la última semana de Cristo en la tierra. Las calles isleñas fueron una explosión de gozo al caer la tarde, momento en que tres hermandades con más de medio siglo de historia hicieron su aparición en un escenario decorado a base de entusiasmo religioso en el que los fieles, sin necesidad de hacer uso de palabras, se agolpaban en las calles para dar la réplica a las imágenes y compartir con ellas sus momentos de aflicción. La Semana Santa supo procesionar en su segundo día, ataviada de gloria, aunque con un carácter más sobrio que el de la anterior jornada, puesto que se acerca el día en el que las autoridades acabarán con Jesús, que camina por las calles envuelto en dolor. Afligidos La primera en asomarse a la ciudad y abrir el Lunes Santo isleño fue la Venerable Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de Los Afligidos, María Santísima de la Amargura y Santo Tomás de Aquino, más conocida en el mundo cofrade como Los Afligidos. La cofradía, fundada el 11 de mayo de 1939, puso su único paso y sus más de 220 penitentes en la calle a las 17.45 horas para volver a su templo, la parroquia del Santo Cristo, a las 00.15 horas. Los Afligidos, la primera hermandad creada en la ciudad tras la Guerra Civil, realizó su recorrido habitual y contó con el acompañamiento musical de la Banda Municipal de Música Fernando Guerrero de Los Palacios y Villafranca. Las novedades de este año se centraron en los escudos bordados en rojo de las túnicas de los penitentes, según indicó el hermano mayor de Los Afligidos, Benito Rodríguez-Pastoriza Molina. La cofradía volvió ayer a hacer partícipe a La Isla del encuentro, en la calle de la Amargura, de Jesús con su Madre. Medinaceli Poco después de las 18.45 horas la Real, Venerable y Seráfica Esclavitud y Antigua Archicofradía del Santísimo Sacramento de La Inmaculada Concepción y Ánimas Benditas y Fervorosa Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado y María Santísima de la Trinidad, más conocida como El Medinaceli, tomó las calles isleñas para presentar a los fieles a un Jesús cautivo, con las manos atadas, la cabeza ligeramente inclinada y la mirada perdida. El Medinaceli, cuyo origen se remonta al año 1733, afrontó su salida con especial ilusión, ya que este año se cumple el 275 aniversario de la archicofradía. El cortejo, integrado por dos pasos y más de 600 penitentes, volvió a la iglesia mayor parroquial de San Pedro y San Pablo en torno a las 1.15 horas. La hermandad repitió el itinerario del pasado año, estación de penitencia en el convento de Las Capuchinas incluida. Medinaceli presentó relevantes novedades en su salida, según explicó el hermano mayor de la archicofradía, Juan Moreno Torrejón. El primero de estos estrenos estuvo centrado en la finalización de la primera fase de la talla de los respiraderos del paso del Cristo, obra del artista hispalense Manuel Guzmán. Por otro lado, los cuerpos de acólitos de la Virgen y del Cristo llevaron nuevas vestimentas y el grupo de penitentes portó 30 capirotes y 35 fajines de nueva confección. Ecce-Homo El reloj marcó las 19.00 horas en la parroquia de La Divina Pastora cuando hizo su aparición la Real y Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús de Ecce-Homo y María Santísima de la Salud, conocida por los isleños como Ecce-Homo. Los dos pasos y los más de 425 penitentes que formaban el cortejo recorrieron su habitual itinerario haciendo gala del estreno de la restauración de la corona de la titular en un año en el que la cofradía afronta el 50 aniversario de su primera salida procesional. Ante un público expectante, ávido de devoción, Jesús era presentado al pueblo como rey de burla por Poncio Pilatos. El Cristo de Ecce-Homo, obra del taller de Castillo Lastrucci y remodelado en 1985 por el artesano Alfonso Berraquero, contó con la compañía de las imágenes habituales de su paso de misterio: un soldado romano, Poncio Pilatos, Claudia Prócula, Barrabás, un miembro del Sanedrín y un esclavo; aunque el principal protagonista volvió a ser la veneración de los isleños.
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